Rudolf Hess habla sobre Adolf Hitler:
Él opuso al materialismo de la época un nuevo idealismo. Opuso al egoísmo del individuo la exigencia: ¡El provecho común está antes del provecho propio! A la tendencia niveladora de la democracia y del marxismo opuso la fe en la fuerza creadora de la personalidad. A la tendencia de la "Internacional" de igualar a los pueblos opuso la doctrina de la personalidad propia de los pueblos, del valor de la raza, del valor de la Nación. Mientras el lado contrario trataba de exterminar todas las particularidades nacionales, el nacionalismo social exigía tradiciones populares y moral popular. A la negación de Dios opuso el concepto de la Omnipotencia divina, a la doctrina del pacifismo, la fe en las virtudes combativas.
A los adeptos del nacionalismo y del socialismo, a quienes parecía separar un mundo, que en apariencia se oponían irreconciliablemente, Adolf Hitler les dio una nueva plataforma común creando el concepto del "Nacionalsocialismo".
Enseñó que nacionalismo y socialismo son conceptos complementarios.
El verdadero nacionalismo debe exigir que cada miembro individual del pueblo sea sano en cuerpo y espíritu, a fin de que, de ser necesario, esté dispuesto y sea capaz de defender a su Nación hasta lo último.
El verdadero socialismo, a su vez, debe exigir que la Nación sea fuerte, a fin de que sea capaz de proteger la vida y los bienes del connacional individual.
Enseñó que todo miembro del pueblo que rinde un trabajo que redunda en beneficio de la generalidad es un miembro útil de este pueblo.
Enseñó además que trabajadores manuales y trabajadores mentales se complementan y dependen los unos de los otros, que el trabajo en cualquier forma merece ser honrado.
Rudolf Hess, 14 de mayo de 1935


















































